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‘Donde fueres, haz lo que vieres’ es un antiguo refrán castellano inspirado en el latín del siglo IV ‘Cum Romae fueritis, Romano vivite more’ (‘Cuando a Roma fueres, como romano vivieres’), el cual sabiamente nos invita a acomodarnos a las costumbres y usos del entorno en el que nos encontramos, con el fin de evitar acciones inadecuadas que puedan ofender o provocar alguna clase de conflicto.

Algo así sucede cuando entramos por primera vez en un dojo de artes marciales, es como viajar a otro país.

Dojo tradicional al estilo japonés

Como el aikido es ‘made in Japan’, verás que la atmósfera que se respira tiene un claro aroma japonés. Seguimos sus normas de etiqueta: vestimos ropa de trabajo adaptada a la práctica de estilo tradicional, utilizamos ligeras reverencias para establecer el inicio y final de los ejercicios, saludos o muestras de agradecimiento, nos sentamos sobre los talones para observar las explicaciones del profesor, en general verás que reina el silencio, o por lo menos actitudes discretas de trabajo. El profesor no suele gritar, no estimula con el ya mítico …’¡¡venga vamos va!!’… tan utilizado por monitores y animadores en actividades dirigidas y deportes varios. Son detalles que le dan personalidad propia a la disciplina y al grupo en sí. Que pueden gustar más o menos porque no son opciones a la carta a gusto de cada individuo, son una serie de convenciones que en su día se establecieron con el objetivo de mantener la armonía en un espacio físico y en el colectivo de personas que lo ocupan.

Normalmente tu profesor o algún alumno avanzado te darán unas primeras indicaciones. Como éstas pueden llegar a ser sensiblemente distintas según la escuela, con esta entrada no pretendo decirte cómo debes comportarte en tu dojo, lo que intentaré es explicarte cómo nos comportamos en el mío y sobretodo analizar el significado detrás de este conjunto de normas y su aplicación práctica.

Disponer de información y contar con unas directrices claras sobre la etiqueta supone un valor añadido para todo aikido-ka. Piensa que si un día visitas otra escuela, asistes a un seminario o incluso te planteas cambiar de profesor, el presentarte bien y ser capaz adaptarte a lo que veas, causará buena impresión y seguramente te abrirá muchas puertas. Si por ejemplo se da el caso que quieres cambiar de escuela y te presentas ya con algunos años de experiencia a pedir la instrucción de tu nuevo maestro…, a éste le va a cambiar la cara de golpe si ve que desconoces lo más elemental de la etiqueta, no sabes saludar correctamente, eres descuidado con la indumentaria, la higiene o en el trato a tus compañeros. Con tu desconocimiento de la etiqueta le estás diciendo que no has sido aplicado ni diligente el tiempo que llevas estudiando aikido, de lo cual se podría deducir que no tienes por qué serlo a partir de ahora.

Definitivamente no es una buena carta de presentación.

Quizá tu nuevo sensei no te haga mucho caso al principio, no hasta que demuestres interés y te apliques un poco. Si ya desde el primer día empiezas a faltar a clase, te muestras poco atento, descuidado o impertinente, no esperes un milagro: si no aprendiste antes, no aprenderás ahora.

Si por el contrario te presentas bien, contactas previamente y no exiges ser instruido sino que lo pides humildemente, muestras cuidado, atención e interés por la escuela a la que te quieres unir, puedes estar seguro que causarás una buena impresión, se te abrirán las puertas y además estarás honrando con ello a quienes te hayan enseñado antes.
Si demuestras que conoces la etiqueta estás diciendo que respetas el arte, que aprecias los esfuerzos que están dedicando desde las diferentes escuelas a preservar esos valores, que te pones a disposición del maestro y del grupo para aportar lo que puedas teniendo claro que entras desde abajo y con voluntad de adaptarte y aprender.

¿Qué maestro no se sentiría un privilegiado por recibir una petición así? ¿Te das cuenta de la diferencia? ¡Eso es la etiqueta!.

Y ahora ¡al grano! te cuento cómo lo planteamos en mi escuela:

                         1.- Antes de la clase.
El cuerpo.
Cuida tu higiene personal, si lo necesitas puedes darte una ducha antes de la clase. A veces lo que huele no eres tú sino tu ropa. Piensa que pocas cosas hay más desagradables que practicar en contacto físico con alguien que huele mal, ¿de verdad que quieres ser recordado por eso?
Procura llevar tu uniforme limpio y bien sujeto, evita beber alcohol, comer o fumar justo antes de la clase. Hacer aikido es como conducir, si no pasarías un control de alcoholemia o de drogas, es mejor que no entres en la clase, es por tu seguridad y la de los demás.
Las uñas de las manos y de los pies deben estar recortadas para evitar arañazos y que se rompan al sujetar la ropa de un compañero.
Quítate las cadenas, anillos y todos aquellos elementos que pueden suponer un riesgo durante la práctica. Si no es posible, también puedes cubrirlos con esparadrapo.
Si llevas el pelo largo evita que te lo pisen recogiéndolo para practicar, si es muy, muy largo mejor moño que coleta.

La mente.
Cambia a ‘modo atento ON’, olvida el trabajo, los problemas, las prisas y todo aquello que tiene que ver con tus circunstancias personales. Utiliza el cambio de ropa como ritual para dejar atrás todo lo referente a tu identidad social.

No necesitas problemas para hacer aikido

Es cierto que hay grados y una cierta jerarquía dentro del grupo, tan sólo es una forma de poner orden en la práctica y evitar distracciones, dudas, pérdidas de tiempo o discusiones innecesarias. Se pretende fomentar un ambiente de respeto mútuo en el que podamos practicar en condiciones de igualdad.

No porque un alumno sea más avanzado le da derecho a menospreciar a otro más inexperto.
Es interesante recordar que en aikido no hay combates abiertos. No practicamos para demostrar que somos superiores a otro. Practicamos para mejorar nuestras capacidades y que nuestra mejora haga a su vez mejor a todo el grupo. Queremos mejorar para disfrutar más de lo que hacemos y al mismo tiempo aportar valor a nuestra actividad y al colectivo de personas que formamos parte de ella.

Ese es el significado de ‘ka’ en nuestro nombre: Grup Aikido-ka.

Somos parte de un colectivo de gente en todo el mundo que amamos el aikido y queremos mantenerlo vivo en nuestra búsqueda. Imagínate que en tu profesión, en tu trabajo intentas hacer las cosas bien no sólo para conservar tu puesto o para que te paguen más. Piensa que si eres un buen profesional te estás dignificando como persona y contigo a toda la profesión, además de contribuir para hacer también mejor a la sociedad en su conjunto.

Al entrar en la sala.
Verás que hay una pared donde está colocado el retrato del fundador del aikido, en esa pared (kamiza) no debes dejar ningún objeto ni colocarte de espaldas justo delante del retrato, aunque sea para saludar formalmente, evita sentarte ahí y por supuesto apoyarte en ella (bien, mejor evita apoyarte en ningún sitio).

Nunca deberemos apoyarnos en una pared, ni estirar las piernas

El acto de saludar hacia un retrato puede parecer extraño en nuestro mundo cotidiano. Para nosotros significa mostrar respeto por la tradición, reconocer que nuestro conocimiento viene de antes y que gracias al esfuerzo de muchos lo podemos disfrutar hoy. Normalmente en muchas artes marciales se utilizan símbolos parecidos, puede ser un retrato de alguien significativo, o una caligrafía, una bandera, algún dibujo u objeto relacionado con la escuela que servirá como símbolo para enfocar la atención de todo el grupo en el ritual de inicio y final de sesión. Este tipo de emblema era el objetivo cuando se atacaba una escuela rival. Después de vencer en combate a sus mejores alumnos, e icluso al maestro, los vencedores literalmente rasgaban la caligrafía que representaba a la escuela. Eso es lo que significa el término ‘dojo yaburi’ (rasgar el lugar del camino) empleado historicamente en Japón para referirse a un desafío entre escuelas.

Una vez hecha la reverencia, accedemos al tatami siempre con el pie izquierdo en primer lugar (a la hora de salir lo haremos primero con el derecho). Esto último es pura superstición. Es lo mismo a la hora de vestirse primero por la pierna izquierda, o a la hora de iniciar la serie técnica cuando ofrecemos nuestro lado izquierdo para que uke nos lo ataque. En las culturas orientales se cree que el izquierdo es el lado superior, el más elevado del ser humano. Como irás descubriendo, la etiqueta japonesa está llena de detalles referentes a la lateralidad. Un error muy extendido consiste en entar de espaldas para así dejar las zapatillas bien encaradas hacia el exterior.

Calzado bien dispuesto. Mejor colocarlo de rodillas una vez hemos entrado.

Lo de las zapatillas está muy bien, pero en vez de entrar dando la espalda, mejor entra de cara y una vez dentro te sientas y les das la vuelta, después un saludo hacia la pared principal y si hubiera compañeros calentando, también les saludas a ellos. Es importante fijarse en qué lado se deben dejar los objetos, ofrecerlos, dónde situarnos nosotros mismos, etc. Todo ello constituye un ejercicio de atención, que al final es lo que se pretende, que antes de ejercitarnos en algo potencialmente peligroso, estemos atentos y en buenas condiciones.

Sé puntual, procura estar algunos minutos antes de la hora de inicio. Lo ideal es que utilices ese tiempo para calentar antes de que llegue el profesor. ¿Por qué? porque así podrás hacerlo a tu gusto y a tu ritmo. Los calentamientos colectivos se suelen hacer a ritmo del profesor, demasiado rápido para algunos, o lento para otros. Un calentamiento colectivo puede resultar incompleto, o quizá descuida alguna parte del cuerpo que en tu caso particular necesita más preparación. Eso sólo lo sabes tú, así que ¿quién mejor para prepararse antes de la clase?
Si el profesor entra en la sala antes de la hora de inicio, puedes seguir calentando. Cuando llega la hora él mismo hará la señal para formar la fila y empezar el ritual. Si llega justo a la hora, mejor sentarse para el ritual. Eso lo suelen controlar los sempai, los veteranos.

Si la clase ya ha empezado (o bien están haciendo el saludo de grupo), espera a ser invitado antes de entrar. No te añadas a hurtadillas a la fila mientras se está saludando.
En Japón por su cultura, se le da especial importancia a conservar la armonía creada en un entorno. Por ejemplo, cuando alguien llega tarde e irrumpe en una reunión (o clase de aikido…) se rompe esa armonía. Por eso los japoneses se disculpan diciendo: ‘shitsurei shimasu’ que significa: ‘estoy faltando a la etiqueta’, en el sentido de ‘estoy rompiendo la armonía’. Lo mismo sucede cuando debemos abandonar una reunión, salir de clase, o levantarnos para ir al lavabo en un restaurante.
Procuremos pues alterar lo mínimo posible la armonía del grupo al llegar tarde, evita entrar cuando la clase está parada durante una demostración/explicación del profesor. Si entramos, seamos directos, pongámonos rápidamente a disposición del profesor para que éste pueda cumplir con la formalidad de darnos paso sin hacerle estar pendiente de nosotros mientras dejamos nuestras cosas paseando de un lado a otro, o nos terminamos de colocar la ropa ajenos a la situación que hemos creado.

Colocación en la fila y la jerarquía del dojo.

La forma correcta de sentarse es partiendo de la posición ‘musubi dachi’ (talones juntos), retrasar el pie izquierdo sólo un poco, no hace falta dar un paso, doblar la rodilla y posteriormente doblar la derecha hasta la posición de ‘seiza’. Atención!! a la separación de las rodillas (hombres máximo 2 puños, mujeres juntas) y no montar un pie sobre otro, los talones se abren hacia el exterior formando una especie de asiento donde depositaremos nuestro digno trasero.

Si hiciéramos el saludo en pie, debemos tener en cuenta la posición de los pies (talones juntos), la inclinación (relativa a la posición de quien saludamos), posición de las manos (hombres al lado de cada pierna con los dedos juntos, mujeres de frente un poco por encima de la rodilla) y siempre la distancia (no saludar demasiado cerca del otro).

Saludo de pie: la persona sin hakama se inclina más

El orden a la hora de sentarse es de tu derecha hacia tu izquierda, el más antiguo del dojo a la derecha. Se puede dar el caso de que el sensei enseñe en varios dojos o que en este dojo en concreto lo haga desde hace poco tiempo. También puede que se trate de un seminario o curso intensivo, en cuyo caso la sala estará repleta de alumnos de varios dojos, que no se conocerán entre ellos y que seguramente tampoco conocerán personalmente al sensei, es decir, que no existirá aún una relación establecida entre ellos.

Como se pueden dar varias situaciones fuera de lo normal, la etiqueta debe ser flexible. Recordemos que el objetivo es evitar conflictos, no generarlos. Por ejemplo: ¿qué hacer cuando aparece un visitante de mayor grado en una clase regular? ¿y si se quiere unir al grupo de forma permanente? Si priorizamos el grado, se podría dar el caso que una persona de otro estilo, formado con otras bases (y otra etiqueta) pasara a ser el sempai del grupo y el que dirige los rituales de saludo.

Para evitar problemas lo mejor es que sea el más antiguo del dojo quien dirija las ceremonias y sea el sempai del grupo, es decir el más próximo al sensei. El que viene de fuera, aunque tenga más grado y que éste se le respete, debe entender que está en otro grupo y que habrá cosas que se harán de otra forma distinta a la que él conoce. Quizá por eso ha querido unirse al grupo, para cambiar sus formas, es decir para aprender y no para enseñar.  Tampoco es lógico que se relegue al último lugar de la fila como a un principiante a una persona con grado y años de experiencia en aikido. La solución debe ser flexible y equitativa. El nuevo miembro puede sentarse a la izquierda del último hakama y a la derecha del primero que no la vista. De este modo le estamos reconociendo su trayectoria y nivel, pero tambén él admite humildemente que ha venido para aprender y adaptarse a una escuela que no es la suya.

Del mismo modo si el más antiguo del grupo no practica mucho y no ha subido de grado al mismo ritmo que sus compañeros, o quizá aún no viste el hakama, tal vez debería ceder su puesto al siguiente en la jerarquía. En este caso por ejemplo, seguiría siendo el sempai a nivel de decisiones internas, relación con el sensei, organización, etc. Pero en cuestiones técnicas, de práctica regular y protocolarias puede que sea mejor que le ceda su responsabilidad a otros compañeros más capacitados en ese momento. En caso de ponerse al día y graduarse, este sempai debería recuperar el puesto que le corresponde por derecho.

El más veterano del dojo presente en la sala es el que marca el tiempo para inclinarse y para incorporarse (a menudo utilizado señales acústicas), por eso nos sentamos en orden, para que todos hagamos lo mismo y al mismo tiempo.

Si en tu grupo lo hacéis de otra manera, no te enfades conmigo. Recuerda que no te estoy diciendo cómo debes hacerlo tú, te estoy explicando cómo lo hago yo y el por qué. Es cierto que en muchos grupos se establece este orden estrictamente por el grado, bien. Es una opción. Otros lo hacen según la antigüedad en el aikido, aunque sea en otro dojo…, también está bien. Si en mis grupos seguimos el orden por antigüedad en el dojo es porque así me lo explicó mi maestro: Stéphane Benedetti Shihan, y así lo contrasté también en algunos dojos que visité en mis estancias en Japón, o tal como me han explicado fuentes japonesas en otras disciplinas tradicionales y no necesariamente marciales.

La lógica de esta fórmula me parece consistente y no debe ser tan extraña cuando, por ejemplo, en los deportes de equipo se hace igual: el capitán del equipo no es necesariamente el jugador más hábil o el más fuerte, ni el más célebre, ni mucho menos lo puede ser la estrella que acaba de fichar en la última temporada. Tampoco es el capitán aquel jugador que lleva más tiempo en el deporte. El capitán es siempre el jugador más antiguo en ese club, el que entró antes. No importa si ese jugador es suplente o titular, si es bueno o malo, es el que lleva más tiempo en el club, el que mejor conoce cómo funcionan las cosas, la filosofía del club (que es muy importante, al igual que la filosofía de cada dojo), la afición, la directiva y en definitiva, es una manera de evitar conflictos por los protagonismos, aspiraciones y envidias en el seno de un equipo. Cuando se gana algo, el trofeo lo levanta el más antiguo, el sempai. A menos claro que éste decida ceder ese honor, del mismo modo que en el dojo el más antiguo puede ceder su lugar en la fila a alguien que considere más adecuado, es su derecho y se debe respetar.

En el caso de los seminarios la etiqueta se puede adaptar a la situación porque es casi imposible establecer un orden correlativo entre 300 personas que no se conocen entre ellas. Si hay profesores o alumnos antiguos en la sala, es lógico que se sitúen a la derecha. En ese caso como serán alumnos de diferentes maestros sí que se establece el orden por grado, o a mismo grado, por antigüedad en el aikido. Si por ejemplo el curso se hace en un dojo, el lugar de privilegio se le cede al dueño del dojo, al dojo-cho. Igualmente el maestro que dirige la sesión incluye un saludo concreto para el dojo-cho, porque es su dojo y no es cortés enseñar en el dojo de alguien sin su permiso.

Disposición de los alumnos para la ceremonia de saludo. En este momento su estado mental es de meditación.

El saludo en sí.

Al inicio del keiko (sesión de práctica tradicional) se saluda primero al kamiza, al símbolo de la disciplina (foto del fundador, caligrafía, pequeño altar, fotos de maestros significativos ya fallecidos..), en segundo lugar si el maestro no está en su dojo, saluda al propietario del dojo (si está presente) para pedir su autorización para dar la clase y en tercer lugar a los alumnos.

Con esto hemos abierto un ciclo, como abrir un paréntesis que después deberemos cerrar. Hemos establecido una relación entre nosotros, cada uno tiene su papel: de maestro, de sempai, de alumno, de dojo-cho…, al terminar el keiko, la ceremonia de saludo debe cerrar este paréntesis, cerrar el ciclo, liberar la relación. Por eso se saludan primero los alumnos y el profesor, después el profesor puede saludar al dueño del dojo (si está presente) y finalmente todos saludan al kamiza. De este modo el círculo ha sido completado.

Los alumnos se inclinan hacia el profesor y éste responde, nunca al revés.

Sobre la mecánica del saludo en sí, existen varias formas según la escuela: hay quien deja espacio entre las manos, hay quien las junta. En nuestra escuela las juntamos hasta que los dedos se toquen formando un triángulo donde trataremos de situar nuestra naríz al inclinarnos, pero en realidad no importa mucho. La cuestión es que en un grupo todos saluden de igual modo, así se muestra unión, disciplina y sentido de grupo, ya encontraremos otras formas de distinguirnos individualmente si lo deseamos, no en el saludo precisamente, ya que se trata de una acción colectiva para mostrar la integridad del grupo y no de un acento individual con el que diferenciarnos.

Saludar es mostrar respeto y establecer una relación , es como una declaración de intenciones. Por eso es importante hacerlo bien y así demostrar buenas intenciones de entrada. Sobre eso he de decir que en general observo un exceso de relajación, incluso descuido entre no pocos practicantes de aikido. En la siguiente foto se puede observar como algunos alumnos están incorporados, otros no y todo eso mientras el profesor aún está totalmente inclinado saludando. Por cierto que el profesor de la foto soy yo mismo, así que la primera reprimenda debería ser para mi como enseñante…

Saludo mal coordinado, hasta 5 personas se incorporan antes que el profesor y que el resto de compañeros

En nuestra cultura nos damos la mano, bien, ¿te imaginas que otro te ofrece la mano y cuando tú se la vas a tomar, el otro la retira antes de que se establezca el contacto físico entre ellas? Pue eso mismo es lo que veo con frecuencia en las salas donde se practica aikido. Veo saludar a gente que aún está recuperando el equilibrio después de un ukemi y cuando lo recupera y responde al saludo, el otro hace ya rato que ha terminado. Veo a estudiantes incorporados mientras su profesor aún está inclinado, veo filas irregulares en las que unos ya han terminado mientras otros aún ni han empezado. Todo ello da un aspecto descuidado y de falta de disciplina, falta de atención en realidad.

La costumbre japonesa es precisamente evitar el contácto físico, higiénica costumbre si se me permite el apunte…, por eso se inclinan ligera o profundamente según la relación que quieran establecer con quien o quienes saludan. Es como cuando le hablas de usted a una persona mayor y ella te contesta de tú. Ambos estáis estableciendo que la persona mayor está por encima en la relación. En Japón eso se hace por un lado con la profundidad de la inclinación (a más inclinación menos estatus) y por la duración de la reverencia (el joven permanece inclinado mientras el anciano se incorpora).

Distintos grados de inclinación según la situación

Aunque el hecho en sí de inclinarse es una costumbre feudal (ofrecer la cabeza en señal de sumisión) que por supuesto no me gusta en absoluto, entiendo que no es ese el significado que tiene hoy, y menos en nuestra clase de aikido. Sumisión no, confianza sí. En vez de darnos la mano, o hablarnos de usted, hacemos ligeras inclinaciones al estilo japonés. Bien, no hay problema, pero si lo hacemos, hagámoslo bien por favor.

Saludo colectivo bien ejecutado, todos como uno solo (para resarcirnos por la foto anterior, estos también son alumnos míos).

Sentados sobre los talones. Seiza es una postura que facilita mantener la espalda recta, relajar los hombros y el diafragma para respirar. En silencio, inmóviles, mirando un punto en el suelo 1 metro por delante nuestro, conectando con el cuerpo, chequeando tensiones, deteniendo el tiempo en nuestra mente…, una señal y nos inclinamos todos a la vez como si fuéramos uno solo, en comunión, en armonía…

Hacer todo este tipo de ritual no es algo tan extraño ni exótico como nos pueda parecer.

Saludo entre capitanes como ritual antes de un partido de fútbol

En otros ámbitos de nuestras vidas también podemos participar en rituales similares cargados de simbolismo. En muchos deportes de competición se saludan los contendientes antes y después de la confrontación. A veces se escuchan himnos sean nacionales o de los clubes representados, hay banderas, hay presentación de los jugadores, se saluda a los árbitros, se recuerdan las normas antes de empezar.

Ceremonia de encendido de la antorcha olímpica inspirada en la antigua Grecia

También en el mundo laboral, o en el familiar podemos encontrar ejemplos de cómo se convierten en rituales los actos de iniciar y terminar un congreso o reunión, la firma de un contrato, las presentaciones al conocer a alguien por primera vez, el intercambio de tarjetas, por no hablar de ceremonias religiosas, reuniones políticas, inauguraciones y tantas otras formas de organizar y dar relevancia a nuestras interacciones y actos sociales.

Con la reverencia los alumnos aceptan la autoridad del profesor para que dirija la clase según su criterio, se comprometen a colaborar en su buen funcionamiento y a aceptar sus directrices y consejos. El profesor igualmente  acepta enseñar, se compromete a compartir su experiencia, tratar con educación a sus estudiantes sin menospreciarlos ni abusar de su autoridad, buscando siempre la mejor manera de ayudar en todo lo posible.
El ritual de inicio de una clase significa ese compromiso, por eso todos decimos en voz alta ‘onegai shimasu’ que es una manera de pedir, de rogar a otro que haga algo por ti.

En el caso de que un estudiante llegue tarde, debe esperar a ser invitado, respondiendo con una reverencia en señal de adhesión a ese compromiso (acepta ser instruido por el profesor y se dispone a colaborar de buena fe con la clase).

Armas.
Sigamos…, si llevas armas, déjalas en un lugar donde no molesten y en posición horizontal (para que no se caigan y hagan ruido), deja la funda abierta para que las puedas encontrar rápidamente y vigila que la punta no quede dirigida hacia el kamiza (pared principal, literalmente el lado de las deidades).

La costumbre era que al entrar en una estancia ocupada, las armas enfundadas se sujetan con la mano derecha. Eso significa que no piensas usarlas contra los que están en la habitación. Claro que si realmente pensabas usarlas podías hacerlo aún llevándolas en el lado derecho, sólo te lo ponían un poco más difícil. Es como cuando estaba prohibido acercarse al noble andando de pie por la habitación. A una cierta distáncia debías arrodillarte y mantenerte así, de ahí que estudiemos técnicas sentados sobre los talones, porque en según qué casos debían luchar así. Estamos hablando de rituales, protocolos, códigos, tradición, historia…, de etiqueta.
En las clases de artes marciales se empieza siempre con un ritual, el cual establece la relación entre las personas presentes: quien dirige, quien es antiguo, quien debuta. Antes de este ritual, las armas siempre en el lado derecho. Una vez iniciada la clase, las armas se sitúan en el lado izquierdo porque ya las estás usando, estás en ‘modo práctica ON’. Nadie se va a ofender porque en una pausa tengas el sable a la izquierda, estás practicando. Lo mismo para exámenes, demostraciones y situaciones varias. Existe una ceremonia de inicio y otra de final, que son las que marcan el momento de cambiar de lado las armas. Modo práctica ON/OFF.

                        2.- Durante la clase.
Elección del compañero.
Solemos utilizar el método demostración/repetición. Consiste en que el profesor muestra un movimiento para que posteriormente los alumnos lo repitan y así pueda hacer los ajustes necesarios adaptados al nivel de cada estudiante. Mientras se hace esta pequeña demostración los alumnos permanecen sentados al estilo japonés observando en silencio, no es momento de hacer preguntas, sólo de observar.
Una vez terminada la demostración con las explicaciones que el profesor haya creído oportunas los alumnos saludan y se sitúan por parejas para trabajar.
Cuando elijas compañero, normalmente será el más cercano a ti, basta con mirarle y saludar, si no hay ninguno disponible, puedes levantarte y buscar uno libre. Si te miran a ti, no puedes negarte, saluda y a trabajar. Sé previsor y elige antes de sentarte, sitúate junto al compañero elegido y así seguro que no se escapará (sujetarle o golpearle ligeramente por la espalda para llamar su atención resulta un poco agresivo, ¿no?, mejor evita la situación y dale a tu compañero la sutil libertad de poder rechazarte).
Durante la clase no se sigue ningún orden especial a la hora de sentarse, eso sólo es para las ceremonias de abertura y cierre de la sesión. Ya con el nuevo compañero, el de más grado ofrecerá su lado izquierdo para ser atacado (aunque normalmente no esperará tanto…). Eso es una manera de que el más experto pueda hacer primero sus repeticiones y así le dé la oportunidad al más joven de repasar un poco más cómo debe empezar con el movimiento cuando le corresponda hacerlo a él.

Correcciones.
Si mientras practicas con tu compañero el sensei os hace alguna indicación, dejad lo que estabais haciendo y prestadle atención.
Si la corrección ha sido para ti, una vez ha terminado de explicártela no importa si ya le tocaba hacerlo a tu compañero, repite el movimiento que te han indicado o de otro modo parecerá que el esfuerzo de tu profesor ha sido para nada. Igualmente, si la corrección es para tu compañero presta atención, queda muy mal que te dediques a mirar lo que hacen los demás mientras él se esfuerza en explicar algo.
Al terminar la explicación, una leve inclinación es suficiente para mostrar gratitud e indicar que has comprendido. Formalmente, los alumnos esperan sentados en seiza (sobre los talones) cuando el sensei realiza alguna corrección. Si bien se dan ocasiones en las que no es necesario sentarse cada vez, sí es interesante procurar dejarle espacio suficiente para que muestre sus movimientos, evitando estorbar colocándose demasiado cerca (especialmente con las armas) o justo en la trayectoria de lanzamiento.
Entre compañeros no se deberían hacer correcciones. Aunque es comprensible querer ayudar a los más nuevos, a menudo confundimos ayudar con enseñar (una forma sutil de colocarnos por encima de los demás, como si nosotros supiéramos y los demás no). De nuevo el sentido común; si un practicante experimentado puede ayudar a un principiante, por supuesto que debe hacerlo, eso sí, con leves indicaciones, sin extenderse ni llegar a darle una clase magistral.
Es cierto que a veces, cuando nos atascamos con un movimiento se agradece que el compañero nos indique por dónde ir, lo que no debemos olvidar es que para aprender necesitamos antes fallar, ser conscientes de las preguntas antes de obtener las respuestas. Para eso el profesor está observando y decide intervenir cuando piensa que con una pequeña indicación puede desatascar una situación y por su experiencia, entiende qué es lo que necesita y está capacitado para asimilar cada alumno en cada momento.
En esta escuela tratamos de crear un entorno en el que se pueda practicar tranquilo, sin tener la sensación constante de que los demás esperan a que cometamos el más mínimo error para corregirnos, a veces incluso forzando nuestro error con malos ataques, bloqueos o cambiando las condiciones en que se propuso el movimiento por parte del profesor. Muchas veces en esta clase de iniciativas por parte de alumnos con deseos de sobresalir, se observa como las indicaciones que dan no son correctas, ni se ajustan al ejercicio propuesto. Es por ese motivo que se pide prudencia con este tema, porque a veces por querer ayudar, lo que hacemos es complicar más las cosas y sobretodo minar la confianza del alumno inexperto.

Preguntas.
Aprender aikido requiere paciencia, no podemos saberlo todo en todo momento, se aprende mediante un proceso de repetición y asimilación de unos movimientos que requieren reeducar funciones motoras en nuestro cerebro, por eso, aunque entendamos lo que nos dicen, otra cosa es hacerlo…
Evita interrumpir la clase o la explicación del sensei por una pregunta personal, a menos que sea él quien abra un turno de preguntas. Si durante la práctica nos surge una duda, podemos preguntar, jamás llamar al instructor a gritos o agitando la mano desde metros de distancia, nos acercamos a donde esté y esperamos a que se encuentre disponible (no somos únicos, ni la clase es exclusiva para nosotros).
En caso de que nos esté corrigiendo a nosotros y no comprendamos su explicación, podemos preguntar todo lo necesario, teniendo claro que él es el que sabe y nosotros los que queremos saber, así que tengamos cuidado de no interrumpirle o ametrallarle con 5 preguntas en 30 segundos sin darle tiempo a terminar con su respuesta antes de hacer la siguiente pregunta.

Molestias e indisposiciones varias.
Si tienes algún tipo de lesión o molestia antes de empezar, puedes informar al sensei para que lo tenga en cuenta (por ejemplo al pedirte recibir su técnica), también al compañero de práctica (avisar después no resulta muy útil…). Para eso puedes usar una cinta de color (preferentemente rojo) alrededor del brazo dañado, o bien una marca en la chaqueta que indique precaución para trabajar contigo.
En caso de que no puedas seguir por algún motivo, o bien necesites salir de la clase, por supuesto puedes hacerlo, tan sólo cumple con la formalidad de preguntarle antes al sensei. Del mismo modo, si no puedes hacer un ejercicio concreto, debes informar al sensei, ya que de lo contrario puede entender que no quieres participar de la clase y puede que te invite a abandonarla. Digamos que la decisión de hacer o no un ejercicio no te corresponde a ti (si no, más de uno evitaría siempre el suwariwaza o las armas, o las caídas altas, o cualquier cosa que no le apetezca), si no hay una razón de peso, debes hacerlo aunque no te guste por respeto a tus compañeros, que lo están haciendo y a los cuales, seguramente, les apetece incluso menos que a ti.

El criterio para participar en una clase es que podamos seguirla. Si son necesarias algunas adaptaciones para salvar una molestia física o lesión, pueden hacerse sin problemas, entendiendo que son periodos puntuales de algunos días o incluso semanas. Por otra parte también hemos de ser conscientes de nuestras limitaciones y entender que el aikido se distingue de la mayoría de artes marciales por 2 aspectos: pasamos casi toda la clase repitiendo movimientos que terminan con una caída o con una retención estirados en el suelo y que ésto, lo hacemos en interacción directa con otra persona.
Pensemos que nuestro compañero tendrá que asumir nuestra limitación durante la clase, a menudo sacrificando su propio entrenamiento para ayudarnos con el nuestro. Esta situación que es perfectamente razonable al principio, también es una motivación para ser regulares en nuestra asistencia a las clases, mostrar interés y esforzarnos para que lo antes posible dejemos de ser dependientes y pasemos a ser autónomos dentro del grupo.
En los dojos tradicionales no se permite beber durante la clase, en nuestro caso sí, siempre que se haga con discreción y sin abandonar la sala. Para eso cada uno puede traer su botella de agua y dejarla junto a sus cosas, para que la interrupción sea mínima en caso de necesidad.

                             3.- Después de la clase.
Cerrar la clase.
Se saluda formalmente, como al inicio. Una vez el sensei se levanta, nos hará una indicación para dar por terminada la clase. Puede ser que no nos haga esa indicación hasta que abandone la sala, es su derecho, hasta entonces deberemos permanecer sentados. Otras veces la hará inmediatamente después de levantarse, en ese caso, significa que está accesible para preguntas o cualquier comentario, eso sí, trata de ser conciso porque quizá otros compañeros también necesitan un momento de atención.
Doblar el hakama después de clase es un acto de recogimiento, un momento íntimo en el que asimilamos lo que ha ocurrido durante la hora anterior, quizá no es el mejor momento para contar chistes o levantar la voz. No está prohibido hablar, tan sólo seamos coherentes con el momento y con la situación.
En la mayoría de grupos, se añade algún tipo de saludo entre los practicantes una vez el Sensei ha dado por terminada la clase. Unos saludan uno a uno a todos los compañeros con los que han trabajado ese día, otros hacen un saludo general, otros no lo hacen…, en caso de duda pregunta a los veteranos del dojo y haz lo que hagan ellos y no olvides saludar de nuevo a la pared principal antes de abandonar el tatami. Recuerda: ‘donde fueres, haz lo que vieres‘.