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Empezar a tomar clases de aikido (o de cualquier arte marcial de este tipo), ¿te lo estás pensando? . hay algunas cosas que te vendrá bien saber.

En primer lugar ten claro que las artes marciales son actividades bastante especializadas y que fundamentalmente están enfocadas a la formación técnica. No son lo mismo que aquellas clases dirigidas que puedes encontrar en cualquier gimnasio y que en su mayor parte, están enfocadas a que hagas actividad física casi sin que te des cuenta, es decir, que te lo ponen fácil, fácil: todo es atractivo, hay música, los monitores animan, no paran de hablar, de contar las repeticiones en voz alta, estimular siempre en positivo, vamos que acaban haciendo más de animadores que de profesores.

       Clase dirigida de alta intensidad, con música y animación constante

Existe una diferencia fundamental respecto al aikido. En una clase dirigida con música donde se realizan pequeñas coreografías, se combinan pasos de baile sencillos con diversos ejercicios gimnásticos, calentamiento y estiramientos. La cuestión es que puedes aparecer un día en esa clase y nadie se dará cuenta. Te colocas al final y si no sigues los pasos no pasa nada, la clase seguirá su ritmo. No necesitas hablar con nadie, ni establecer ningún tipo de relación con el monitor. En una clase de aikido en cambio, normalmente tendrás que inscribirte expresamente, es decir que no será una actividad más del gimnasio sino que tendrás que pedir hacerla expresamente. Eso de entrada supone presentarte al profesor, y a partir de ahí verás que estarás todo el tiempo practicando en contacto con otra persona. De modo que si no sabes hacer nada, esta persona te estará ayudando en todo momento, aún a costa de su propia clase. Las parejas van cambiando cada 5 minutos aproximadamente. Eso significa que por turnos irán pasando uno a uno todos los compañeros de clase, los nuevos como tú y también los veteranos.

Ya no sólo se trata de sudar y pasarlo bien haciendo ejercicio, ahora también hay que aprender. Formas parte de un grupo fijo, con gente comprometida que van viniendo con regularidad. Esa dependencia inicial hacia los compañeros no debe suponer una carga para ti, no te presiones con eso, tan sólo trata de estar atento y colaborar en todo lo que te digan. Ya se supone que el primer día casi todo lo harás al revés, piensa que todos hemos pasado por eso, lo que cuenta es que pongas ganas y vengas con la predisposición a aceptar directrices: si te dicen que hagas algo, excepto si es tirarte por una ventana…, el resto de cosas serán razonables para tu nivel y te ayudarán a progresar, no lo conviertas en una negociación, no te justifiques continuamente, ni hace falta que pidas perdón, tan sólo trata de hacerlo lo mejor que puedas.

Esto se aprende por inmersión, entonces sumérgete y déjate llevar. Aprender algo no está reñido con pasártelo bien. El ambiente es bueno, la gente habla, ríe, pero también trabaja y está a lo que está. Si no te sale algo, es normal, tómalo con paciencia y hazlo más despacio. Cuando lo pilles ya irás más seguido, por ahora no corras y déjate ayudar.

   El profesor interviene cuando lo cree necesario según el nivel

Si te ha interesado el aikido por algún motivo, has buscado información (por ejemplo en este blog…) y quieres conocerlo más de cerca, no lo dudes, ¡hazlo!. Lo digo porque al principio todo son dudas, si podrás hacerlo a tu edad, si podrás incorporarte a mitad de año, si aceptarán principiantes, si será lo que buscas…, puede que una primera impresión te desanime, o si no te atienden inmediatamente, o si llueve. Todos tenemos dudas al principio. Créeme todo es más sencillo de lo que piensas. En primer lugar ten claro que el 99% de los grupos de aikido estarán entusiasmados por que te unas a ellos. Todos necesitamos nuevos alumnos, todos. Así que no pienses en si es octubre, febrero o el mismo mes de julio, serás igual de bienvenido. Lo segundo que debes pensar antes de apuntarte es si realmente tienes tiempo para esto. Las clases se suelen repartir en 2 o 3 sesiones semanales. Si tienes una vida complicada (como casi todos…) con que puedas garantizar una sesión semanal bastaría, claro que no esperes resultados espectaculares e inmediatos con sólo 4 clases al mes. Se trata de empezar para ir aclimatándose a una actividad diferente, a un grupo de gente y a un profesor. Puedes empezar poco a poco y con el tiempo, replantear tus prioridades personales para darle al aikido esas 3 sesiones semanales que necesita para devolverte algo un poco consistente y valioso.

Ve a ver una clase y si te gusta lo que ves, pide probar el próximo día, así ya hablas con el profesor y rompes el hielo, de este modo habrás conocido la clase dos días distintos. Piensa que en grupos tan asimétricos y con asistencias tan irregulares, tu sensación puede variar mucho de un día para otro.

Casi todos los gimnasios te dejarán probar sin compromiso (recuerda que necesitamos nuevos alumnos), prueba dos, tres o cuatro de ellos y elige el que te vaya mejor, no te equivocarás. Quizá tengas que dedicar un par de semanas para decidirte pero merecerá la pena esperar. Se supone que en teoría todos hacemos cosas muy parecidas, en el aikido hay muchos matices. Con el tiempo te darás cuenta de que no, no todos hacemos lo mismo y menos mal, porque esa variedad es lo que permite que cualquier persona encuentre su sitio, no lo veas como algo negativo, es todo lo contrario: una riqueza. No seas tímido y pregúntale al profesor qué orientación le da a sus clases, cuales son sus prioridades, qué espera de sus nuevos estudiantes. Normalmente a la mayoría de los profesores nos encanta hablar de aikido, aprovéchate de eso y pregunta.

Sobre los requisitos físicos para hacer aikido he de reconocer que voy un poco contra corriente. Casi todo el mundo te dirá que puedes hacer aikido a cualquier edad, y que no importa cual sea tu estado físico. Sí y no. Para mi eso es una verdad a medias. Una cosa es que lleves 20 años estudiando aikido y vayas adaptándolo a tu estado físico, edad o posibles lesiones. No debería importar mucho porque ya tienes un nivel, eres totalmente autónomo para seguir cualquier tipo de clase o curso sin que tus limitaciones físicas afecten a la práctica de tus compañeros. Otra cosa completamente distinta es que quieras iniciarte en esto sin ningún tipo de experiencia previa, que ya estés limitado físicamente para hacer las cosas que se hacen habitualmente en cada clase: seguir un ritmo de caída-repetición, caída-repetición, sentarse sobre los talones unos 5 minutos seguidos o andar de rodillas.

Estoy de acuerdo que si lo deseas de verdad y estás dispuesto a hacer sacrificios seguramente podrás hacer aikido. La cuestión es que no todo el mundo tiene el aikido como una prioridad en su vida, y francamente, como actividad de entretenimiento deportivo hay otras mucho más adecuadas.

Nos guste o no, el aikido se ha promocionado desde el principio como una actividad apta para todo tipo de personas, con un cierto toque filosófico que nos atrae hacia la integración de nuestros aspectos físico y espiritual. Desde el punto de vista práctico, da la impresión de que se quiere presentar como una técnica marcial que permite deshacerse de gente más fuerte sin usar ningún tipo de violencia. Incluso en las demostraciones es frecuente ver a una sola persona “venciendo” sin esfuerzo y haciendo volar literalmente a 3 o 4 adversarios a la vez.

    El fundador del aikido en 1935. Uno contra muchos!!

Esta especie de visión mágica del aikido es la responsable de que aún hoy, un porcentaje de al menos la mitad de las personas que se interesan por esta disciplina, o están en estado físico deficiente, o se encuentran en mitad de procesos complicados emocionalmente que esperan resolver con el aikido, o quizá ambas cosas a la vez. Vienen con unas expectativas completamente distorsionadas sobre la disciplina, además con el agravante de que llegan a su primera clase ya saturados de información, o de desinformación según se mire.

Entre otros motivos esto es lo que me ha decidido a escribir en este blog y hacer difusión (y pedagogía) de una visión más realista y pragmática del aikido. Coincido con algunos de mis compañeros cuando llegamos a la conclusión de que estamos dedicando mucho esfuerzo en atender a una demanda mal canalizada, con un alto porcentaje de abandono antes del primer año, cuando pensamos que son muchas las personas que potencialmente están buscando algo así, pero no pueden llegar a nuestros cursos porque no nos conocen o no tienen claro lo que hacemos realmente.

Si te interesa de verdad el aikido por lo que es, seguro que tus limitaciones no serán un obstáculo para iniciarte. Ahora bien, si como me encuentro a menudo, el aikido no te interesa en especial, pero no te ves capaz de hacer otra cosa porque estás ya muy tocado, he de decirte que quizá el aikido no es para ti. Si buscas algo “más tranquilo” quizá no sea en las artes marciales donde lo encontrarás, existen disciplinas fantásticas como el yoga que pueden ser la respuesta que buscas.

Me ha pasado muchas veces, pero recuerdo una en especial que ilustra lo que quiero decir. Un hombre de casi 40 años, con no muy buen aspecto, me cuenta que ha practicado varios deportes de contacto durante años. Dice que eso es lo que le gusta realmente pero que actualmente tiene 3 hernias discales, un problema con el nervio ciático que a veces le deja una pierna insensible, tiene las dos rodillas tocadas y además es muy nervioso, por lo que no puede seguir con esos deportes. Me dice que quiere hacer aikido porque le han dicho que es más tranquilo y que le irá bien para la espalda. Me pongo a la defensiva ante la perspectiva de integrar a una persona así en una clase de entre 6 y 10 alumnos. Una persona que no podrá practicar con normalidad, no podrá caer y que además no tiene un interés especial en aprender, sino en “hacer algo”… Aún así pienso que primero necesita información y aclarar sus ideas, todo el mundo merece una oportunidad. Le informo de que el aikido también es una actividad de contacto. Quizá no a golpes con otro, pero sí con impactos continuos contra el suelo (acolchado, eso sí), y de interacción constante con otras personas. Por supuesto le invito a ver una clase, pero le recomiendo que primero hable con el médico y se recupere de sus problemas de ciática. De las hernias ya ni os cuento, insisto en que hable con el médico. Por supuesto nunca volvió.

Necesito nuevos alumnos, pero no a cualquier precio. En grupos pequeños como los míos, incorporar a una persona que de entrada ya ves que no va a encajar puede salir muy caro. Pienso que los profesionales estamos antes que nada para asesorar y si vemos un riesgo excesivo para la salud del alumno o para la estabilidad del grupo, tenemos el deber de decirlo. Aunque eso nos suponga perder popularidad o desmentir en parte, el argumentario tan extensamente difundido sobre el aikido. Al final, nuestro trabajo consiste en coordinar un grupo de gente para un objetivo común. Aunque el grupo puede ser muy asimétrico en cuanto a edades, años de experiencia, nivel o incluso motivaciones personales, que consigamos un buen encaje entre sus miembros o no, es la clave para mantenerlo estable y con buena salud por muchos años.